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La agonía de las montañas : México se encamina a perder sus últimos hielos continentales

hace 10 minutos
3 min de lectura

Texto por Pablo Gabriel Santillán Torres Torija / Imágenes IA


CIUDAD DE MÉXICO 4 de Noviembre de 2026. — Lo que a mediados del siglo XX era un paisaje dominado por imponentes colosos vestidos de blanco hoy representa una escena al borde de la extinción. En 1958, un censo histórico elaborado por el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), coordinado por el especialista José Luis Lorenzo, catalogó oficialmente 23 glaciares repartidos entre los tres volcanes más altos del país: el Iztaccíhuatl (11 glaciares), el Pico de Orizaba o Citlaltépetl (9) y el Popocatépetl (3).

Siete décadas después, el diagnóstico es crítico. De aquel inventario glacial prácticamente no queda nada: los campos helados del Popocatépetl fueron declarados extintos a finales de la década de 1990 tras reactivarse su vulcanismo, mientras que en el Iztaccíhuatl la masa de hielo constante cedió espacio a pequeños hielos fosilizados e inactivos que ya no cumplen con la dinámica ni el flujo hidrológico de un glaciar.


Hoy, en México únicamente persisten dos cuerpos glaciares activos —ubicados en la vertiente norte del Pico de Orizaba: el Glaciar Norte y el pequeño Glaciar del Chichimeco—, aunque los modelos glaciológicos de la UNAM advierten que su desaparición definitiva ocurrirá en el corto plazo.

 

El motor del deshielo: ¿Por qué colapsaron las cumbres?

El drástico retroceso de la cobertura glaciar mexicana responde a la convergencia de dinámicas globales y perturbaciones locales de alta vulnerabilidad:

  1. Aumento acelerado de la temperatura en alta montaña: El calentamiento global no afecta uniformemente a la corteza terrestre. De acuerdo con datos del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, el territorio mexicano registra un incremento de temperatura superior al promedio global. A alturas por encima de los 5,000 metros, esta discrepancia rompe el umbral de los 0 °C promedio anuales, condición indispensable para la supervivencia del hielo.

  2. Pérdida de precipitación sólida (Balance de masa negativo): La elevación térmica modifica la naturaleza de las precipitaciones. La nieve, necesaria para comprimirse en capas de hielo que alimenten la masa glaciar, ha sido progresivamente reemplazada por lluvia líquida en las cumbres, lo que en lugar de nutrir la capa helada disuelve de forma acelerada la existente.

  3. Depósitos de hollín y ceniza (Efecto Albedo): La actividad del volcán Popocatépetl y las emisiones industriales del Valle de México y la cuenca de Puebla depositan partículas oscuras sobre la nieve. Al perder su color blanco natural, el hielo deja de reflejar la radiación solar y empieza a absorber calor con mayor celeridad.

  4. Geodinámica volcánica interna: En el Pico de Orizaba, anomalías en el flujo de calor geotérmico interno han elevado la temperatura base de la roca sobre la cual descansa el Glaciar Norte, erosionando la estructura desde la raíz.


Las consecuencias de un país sin glaciares




El desvanecimiento del hielo trasciende lo estético o paisajístico. La transición de un México con glaciares a uno sin ellos acarrea impactos directos sobre los ecosistemas y las poblaciones locales:

  • Pérdida de reservas de agua potable y desequilibrio hidrológico: Los glaciares funcionan como reguladores hídricos continentales. En temporadas de estiaje y sequía, su derretimiento paulatino abastece de forma continua los ríos y mantos acuíferos que alimentan a comunidades asentadas en las laderas de Puebla, Veracruz y el Estado de México. Sin esta esponja natural, el caudal disponible en épocas secas disminuye notablemente.

  • Alteración de los ecosistemas de alta montaña: La desaparición del microclima frío transforma drásticamente los hábitats de la tundra alpina o zacatonal, desplazando especies endémicas de flora y fauna que carecen de cumbres más elevadas hacia donde migrar.

  • Extinción del valor científico y paleoclimático: El hielo glacial resguarda burbujas de aire y registros atmosféricos atrapados a lo largo de cientos de años. Su derretimiento destruye un archivo natural invaluable para reconstruir el clima histórico del centro del país.


La sentencia ineludible

La agonía del Glaciar Norte y del Chichimeco no es una advertencia a futuro ni una especulación teórica: es una autopsia en tiempo real. México no solo atestigua el cierre de una era geológica en sus volcanes, sino que se coloca en el umbral histórico de convertirse en una de las primeras naciones del continente en erradicar por completo sus hielos milenarios. Cuando la última capa de nieve se derrita en la cumbre del Pico de Orizaba, la pérdida no será únicamente de metros cúbicos de agua o de un paisaje de postal; será el recordatorio imborrable de que la crisis climática no perdonó ni a las cumbres más elevadas de nuestra geografía.

 

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